Reportaje: Episodio I ~ Piloto (Nigeria)
Advertencia: ¡Alto contenido de Spoilers!
Por favor, lee el reportaje bajo tu responsabilidad.

Comienza el episodio y durante los primeros cinco minutos, la primera impresión que obtenemos de Teddy Rist es que si cogiésemos un diccionario, podríamos escribir en un folio entero una larga lista con los muchos adjetivos que podrían describir a este personaje, y lo cierto es que no son muy alagadores por el momento: mujeriego, arrogante, caprichoso, un hedonista y narcisita en toda regla, entre otras muchas cosas. En la primera escena vemos como Teddy se está tomando una copa en un bar mientras intenta ligarse a una camarera, usando unas artimañas un tanto… llamativas: contándole todo lo que le pasó en Nigeria, sus aventuras y proezas. La chica, por supuesto, no le cree ni una sola palabra y lo trata como si fuese un pirado que que sólo intenta ligar con ella. Simplemente es que no puede creer que el archi conocido e importante magnate multimillonario Teddy Rist se encuentre sentado en su bar contándole que estuvo repartiendo en persona vacunas por África y… ATENCIÓN, le de un cheque de mil dólares para que le atienda personalmente sirviéndole y deje de lado a otros clientes para que escuche toda su historia. Es así cómo la camarera empieza a seguirle el “juego” y se desarrolle todo el capítulo…
El señorito Rist se encuentra en Nigeria por un viaje de negocios, durmiendo la mona en compañía de un bombón africano, tras una noche de excesos de todo tipo: alcohol, drogas y sexo. De repente unos policías empiezan a golpear la puerta de su habitación despertándole y obligándole a levantarse con bastante mala uva. Está tan aturdido que ni siquiera se percata de que toda la habitación está inundada y un fuerte viento con lluvia azota fuertemente el cristal de la ventana. Tremendo susto que se lleva al poner los pies fuera de la cama y sentir el agua fría recorrerle, aunque sin la fuerza suficiente para despertarle aún de su mona. Ante la insistencia de los fuertes golpes y gritos, abre la puerta y haciendo uso de su arrogancia, pide explicaciones de por qué le han estado aporreando la puerta. Los policías nigerianos le explican que un huracán está azotando la zona rovocando verdaderas inundaciones, incluyendo el hotel, por lo que debe ser evacuado lo antes posible. Sin inmutarse lo más mínimo ante tal noticia, les da su conformidad y antes de cerrarles la puerta en la cara, dice lo siguiente: “Pero será mejor que haya café.”
Empapado y a punto de ser evacuado en una barca de salvamento, se percata de que que hay un niño pequeño acurrucado en la terraza del hotel, y entonces algo increíble ocurre en su interior y los buenos sentimientos encerrados en su corazón afloran. En contra de lo que le aconsejan los policías, que se monte él primero porque el niño es sólo un mendigo, coge al niño y lo monta en la barca, ocupando su plaza. Sin embargo, un turista desesperado salta desde la terraza y hunde la barca, mandando a todos los integrantes al agua. Teddy, expectante desde la barandilla realmente preocupado por el chiquillo, no se lo piensa dos veces y se lanza a su rescate, afortunadamente consiguiéndolo. El pequeño, muerto de miedo en sus brazos logra calmarse con las palabras del multimillonario, que sin quererlo empieza a cogerle un afecto que sacará a relucir su lado positivo más positivo.
Semanas después, en Manhattan, tras haberse ido de Nigeria “echando leches”, sus mejores amigos, Philip Maidstone (compañero de negocios) y su mujer Olivia se dan cuenta de que algo raro le ha pasado a Teddy durante su estancia en el país africano, pues ha vuelto muy nervioso y no para de repetirle a Olivia que por favor mande dinero, ropa y otros utensilios a una ciudad llamada Kajuru, la ciudad de donde procedía aquel hermoso niño que no podía quitarse de la cabeza desde el huracán y no sabía su nombre. Tras hablar con su ex-mujer, Julia, y enterarse de que ésta había empaquetado todas las cosas de su hijo muerto Bobby y donarlas, el lado más sensible de Rist sale a la luz, dándonos una nueva visión del personaje nunca antes vista. Habíamos visto su lado capitalista, hedonista, hasta humanitario, pero nunca sus sentimientos de padre, un padre profundamente afectado por la muerte de su hijo pequeño, un padre negado a olvidar a su hijo. Le había dejado un gran vacío en su vida, vacío que había comenzado a llenar con el sexo, el alcohol y las drogas. Bobby lo había sido todo para el multimillonario. LLeno de recuerdos e inquietudes, deja a sus compañeros colgados en una entrevista y se vuelve para Nigeria. Necesitaba encontrar a ese niño, saber su nombre y ayudar a las víctimas del huracán. Necesitaba sentirse bien.
Una vez en Nigeria, acompañado por su directora de proyectos especiales, A.J., se reúnen con una médico nigeriana que necesita llevar urgentemente un cargamento de vacunas contra el cólera con el propósito de evitar la muerte en masa de los supervivientes del huracán, refugiados en una aldea llamada Kajuma. A pesar de que la médico no confía en él -piensa que sólo pretende fardar con sus amigos americanos y que tiene intereses propios-, decide finalmente darle una oportunidad: irán juntos al aeropuerto para recoger ese paquete y pagar con el dinero de Teddy. Pero la cosa se tuerce, son arrestados por soborno y Balo le pide que se mantenga al margen y que regrese a Nueva York, pues no hay nada que pueda hacer, a pesar de la insistencia de Rist.
Pero se equivocaba, Teddy contacta con un camello (que ya conocía de antes y además curiosamente es “admirador” suyo) el cual le ayuda a sacar el paquete con las vacunas del aeropuerto para luego proporcionarle un helicóptero que le dejará cerca de Kajuma, donde le prometió a la doctora Balo que lo entregaría, y desde allí cogería un Jeep para llegar. Pero las cosas se tuercen y antes de llegar, son obligados a aterrizar por la brigada anti-droga de los EE.UU. y Nigeria. Después de explicar el motivo por el que se encontraba allí, le quitan las esposas y le dejan continuar con su labor pero con un “pequeño” inconveniente: está en la jungla, va solo con un teléfono y está a unos 25 Kms. de su destino.
En la jungla le ocurre de todo. Primero, el dueño de una pequeña casa en medio de la nada le pide el teléfono y los zapatos a punta de ¿escopeta?, aunque consigue que éste le preste a cambio la motocicleta vieja que tenía, ahorrándose el tener que caminar descalzo. El problema es que su nuevo cacharro andante le sirve de poco, pues es abatido a tiros por unos rebeldes situados en la otra orilla del río. Así que Teddy tiene un accidente, se cae de la moto y huye con las vacunas como alma que lo lleva el diablo, adentrándose en la jungla, descalzo y sin orientación ninguna. Allí, consigue hacerse heridas bastante feas: varias brechas, una herida en el estómago, los pies completamente hechos polvo y una picadura de serpiente en el tobillo. Esto hace que Teddy vaya perdiendo poco a poco las poca fuerzas que le quedan, la consciencia y la cordura: empieza a ver visiones de su hijo Bobby correteando por la selva. Impulsado por la imagen ficticia de su hijo, de poder tocarlo, sigue adelante a duras penas, llegando finalmente a la aldea, donde finalmente se desmaya y es atendido por Balo.
Al despertar Balo le informa de su gran proeza y le muestra lo que él mismo ha conseguido, salvar la vida de muchas personas. Le pide disculpas por no haber confiado en él y además esa noche le agradece su tarea de forma especial… Al día siguiente, cuando Teddy abandona Kajuma, escucha la voz de un niño: “Oumar”. Teddy no puede creerlo, se trataba del niño que había estado buscando, el verdadero motivo de su vuelta al país nigeriano y le estaba diciendo su nombre. Y entonces se produce la escena más emotiva de todo el capítulo; totalmente emocionado, coge al niño en brazos y lo estrecha como si fuese su propio hijo… y luego, tras meditar unos segundos, no duda en darle el juguete de su hijo al pequeño, aquel juguete que tanto había significado para él y sacaba a relucir lo mejor de sí mismo.
“Salvé al niño, pero de una forma extraña, él también me salvó a mí”. Así se lo dice a la camarera, que aún sin terminar de creerse la historia, rompe el cheque justo cuando Philip entra buscando a Teddy, pues el avión que le llevaba de vuelta ya estaba arreglado. Allí mismo, Philip, le pide que por favor, tras haber estado haciendo de filántropo en Nigeria, descanse y se centre en los negocios, cosa que Teddy le promete: “Phil, lo prometo. Lo haré. De ahora en adelante le dejaré la filantropía a Olivia.”
Y en ese momento es cuando la camarera se pregunta por qué demonios había partido el cheque…
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